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Cultivar virtud del discernimiento, exhorta Arzobispo mexicano

Sun, Nov 22, 2009

América

MÉXICO D.F., 22 Nov. 09 (ACI).- El Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, Mons. Rogelio Cabrera López, alentó a los católicos a cultivar la virtud del discernimiento para descubrir qué desea Dios de nosotros y tener una actitud cristiana ante el final de la vida.

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Asides
  • Eusebia Palomino Yenes vio la luz en el crepúsculo del siglo XIX ? el 15 de diciembre de 1899 ? en Cantalpino, pequeño pueblo de la provincia de Salamanca (España) en una familia tan rica de fe como escasa de medios económicos. Agustín, el padre, que todos recuerdan por su aspecto humilde, hombre de gran bondad y dulzura, trabaja como bracero temporal al servicio de los propietarios terratenientes de los alrededores y su madre Juana Yenes atiende la casa con los cuatro hijos.

    Cuando en el invierno el campo reposa y el trabajo falta, el pan escasea. Entonces el padre se ve obligado a pedir ayuda a la caridad de otros pobres en los pueblos de la zona. Algunas veces lo acompaña la pequeña Eusebia de apenas siete años, que ignorante de lo que cuestan algunas humillaciones, disfruta con aquellas caminatas por los senderos del campo y alegremente corretea y salta junto a su padre que le hace admirar la belleza de la creación, y la luminosidad del paisaje de Castilla dándole algunas catequesis que le encantan. Cuando llegan a los pueblos, sonríe a las personas buenas que lo acogen y pide «un poco de pan por amor de Dios».

    El primer encuentro con Jesús Eucaristía a la edad de ocho años da a la niña una sorprendente percepción del significado de pertenecer y de ofrecerse totalmente al Señor como don.

    Muy pronto tiene que dejar la escuela para ayudar a la familia y después de haber dado prueba de una madurez precoz en cuidar - aún siendo niña ? a niños de algunas familias del pueblo mientras los padres van a trabajar. A los doce años va a Salamanca con su hermana mayor y se pone a servir como niñera.

    Los domingos por la tarde va al oratorio festivo de las Hijas de Maria Auxiliadora, allí conoce a las hermanas, que deciden pedirle su colaboración para ayudar a la comunidad. Eusebia acepta con mucho gusto y enseguida se pone manos a la obra: ayuda en la cocina, acarrea la leña, ayuda en la limpieza de la casa, tiende la ropa en el patio grande, va a acompañar al grupo de las estudiantes a la escuela estatal y hace los mandados en la ciudad.

    El deseo secreto de Eusebia, de consagrarse por entero al Señor, enciende y nutre cada vez más sus actos y su oración. Dice: «Si cumplo con diligencia mis deberes tendré contenta a la Virgen Maria y podré un día ser su hija en el Instituto». No se atreve a pedirlo, por su pobreza y falta de instrucción, no se cree digna de tal gracia: porque piensa, ¡es una congregación tan grande!.

    La Superiora visitadora, con la que ella se confía, la acoge con bondad materna y le asegura: «No te preocupes de nada» y con gusto decide admitirla en nombre de la Madre General.

    El 5 de Agosto empieza el Noviciado en preparación a la profesión. Se alternan horas de estudio de oración y de trabajo que constituye la jornada de Eusebia que la hacen plenamente feliz. Después de dos años ? 1924 ? se consagra totalmente al Señor con los votos religiosos que la vinculan mucho más a él.

    Es destinada a la casa de Valverde del Camino una pequeña ciudad que en aquella época cuenta con 9.000 habitantes, está situada al extremo sudoeste de España, en la zona minera de Andalucía en los confines con Portugal. Las niñas del colegio y del oratorio, en el primer encuentro se quedan mas bien desilusionadas, la Hermana nueva tiene un aspectos más bien insignificante, pequeña y pálida, no es bonita, con las manos gruesas y además un nombre feo.

    A la mañana siguiente, la pequeña Hermana está ya en su lugar de trabajo: un trabajo variado que la ocupa en la cocina, en la portería, en la ropería, en el cuidado del pequeño huerto y en la asistencia a las niñas del oratorio festivo. Es feliz de ?estar en la casa del Señor por todos los días de su vida?. Es esta la situación ?real?, por la que se siente honrado su espíritu, que habita las esferas más altas del amor.

    Las pequeñas se sienten pronto atraídas por las narraciones de hechos misioneros, vidas de santos, episodios de la devoción mariana, o anécdotas de Don Bosco, que recuerda gracias a una feliz memoria y sabe hacerlas atractivas por su convencimiento y su fe sencilla.

    Todo en Sor Eusebia, refleja el amor de Dios y el fuerte deseo de hacerlo amar. Sus jornadas de trabajo son una transparencia continua y lo confirman sus temas predilectos de conversación: el amor de Jesús a todos los hombres que ha salvado con su Pasión. Las Llagas santas de Jesús son el libro que Sor Eusebia lee todos los días y del cual saca apuntes de didascalia a través de un sencillo ?rosario? que aconseja a todos, también lo hace a través de las cartas, se hace apóstol de la devoción al Amor misericordioso según las revelaciones de Jesús a la religiosa lituana ? hoy santa ? Faustyna Kowalska, divulgadas en España por el Padre dominico Juan Arintero.

    El otro ?polo? de la piedad vivida y de la catequesis de Sor Eusebia es la ?verdadera devoción mariana? de San Luis Maria Grignion de Montfort. Esta será el alma y el arma del apostolado de Sor Eusebia durante su breve existencia: los destinatarios serán las niñas, los jóvenes, las madres de familia, los seminaristas los sacerdotes. «Quizá no haya párroco en toda España ? se dice en los procesos ? que no haya recibido una carta de Sor Eusebia a propósito de la esclavitud mariana»

    Cuando, a principio de los años 30, España se está preparando a la revolución por la rabia de los sin-Dios votados para el exterminio de la religión, Sor Eusebia no duda en llevar hasta el extremo aquel principio de ?disponibilidad?, pronta literalmente, a despojarse de todo. Se ofrece al Señor como víctima para la salvación de España, para la libertad de la religión.

    Dios acepta la víctima. En agosto de 1932 un mal improviso es el primer aviso. Después el asma que en diversos momentos ya la había molestado, ahora llega a niveles extremos de intolerancia, se agrava con otros males que van apareciendo y atentan contra su vida.

    En este tiempo, visiones de sangre afligen a Sor Eusebia aún más que los dolores físicos. El 4 de octubre de 1934, mientras algunas hermanas rezaban con ella en el lugar del sacrificio, interrumpe y empalidece diciendo: «rezad mucho por Cataluña». Es el principio de la sublevación operaria de Asturias y de la catalana en Barcelona (4-15 octubre 1934) que se llamarán «anticipo revelador». Visión de sangre también para su querida directora Sor Carmen Moreno Benítez, que será fusilada con otra hermana el 6 de septiembre de 1936: actualmente ha sido declarada beata, después del reconocimiento del martirio.

    En tanto la enfermedad de Sor Eusebia se agrava: el médico que la asiste admite de no saber definir la enfermedad que, unida al asma le acartona todos los miembros convirtiéndola en un ovillo. Quien la visita siente la fuerza moral y la luz de santidad que irradian aquellos pobres miembros doloridos, dejando absolutamente intacta la lucidez del pensamiento, la delicadeza de los sentimientos y la gentileza del trato. A las hermanas que la asisten les promete: «Daré mis vueltecitas».

    En el corazón de la noche entre el 9 y el 10 de febrero de 1935 Sor Eusebia parece dormir serenamente. Durante todo el día los restos mortales adornados con muchísimas flores, son visitados por toda la población de Valverde.

    Todos repiten la misma expresión: «Ha muerto una santa»

    Fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de abril de 2004.

    Biografía: Página oficial del Vaticano

SOBRE LAS TRADICIONES Y COSTUMBRES DE LOS FARISEOS

1 Se congregaron en torno a Él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. 2 Los cuales vieron que algunos de sus discípulos comían con manos profanas, es decir, no lavadas, 3 porque los fariseos y los judíos en general, no comen, si no se lavan las manos, hasta la muñeca, guardando la tradición de los antiguos; 4 y lo que procede del mercado no lo comen, sin haberlo rociado con agua; y observan muchos otros puntos por tradición, ablución de copas, de jarros, de vasos de bronce. 5 Así, pues, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los antiguos, sino que comen con manos profanas?" 6 Les dijo: "Con razón Isaías profetizó sobre vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, 7 pero su corazón está lejos de Mí. Me rinden un culto vano, enseñando doctrinas (que son) mandamientos de hombres".

8 "Vosotros quebrantáis los mandamientos de Dios, al paso que observáis la tradición de los hombres; lavados de jarros y copas y otras muchas cosas semejantes a éstas hacéis". 9 Y les dijo: "Lindamente habéis anulado el mandamiento de Dios, para observar la tradición vuestra. 10 Porque Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre", y: "Quien maldice a su padre o a su madre, sea muerto". Y vosotros decís: 11 "Si uno dice a su padre o a su madre: "Es Korbán, es decir, ofrenda, esto con lo cual yo te podría socorrer", 12 ya no lo dejáis hacer nada por su padre o por su madre, 13 anulando así la palabra de Dios por la tradición que transmitisteis. Y hacéis cantidad de cosas semejantes".

53 Terminada la travesía, llegaron a tierra de Genesaret, y atracaron. 54 Apenas salieron de la barca, lo conocieron, 55 y recorrieron toda esa región; y empezaron a transportar en camillas los enfermos a los lugares donde oían que Él estaba. 56 Y en todas partes adonde entraba: aldeas, ciudades, granjas, colocaban a los enfermos en las plazas, y le suplicaban que los dejasen tocar aunque no fuese más que la franja de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban sanos.

LA PESCA MILAGROSA

1 Y sucedió que la muchedumbre se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús de pie junto al lago de Genesaret. 2 Y viendo dos barcas amarradas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían descendido y lavaban sus redes, 3 subió en una de aquéllas, la que era de Simón, y rogó a éste que la apartara un poco de la tierra. Y sentado, enseñaba a la muchedumbre desde la barca. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Guía adelante, hacia lo profundo, y echad las redes para pescar". 5 Respondióle Simón y dijo: "Maestro, toda la noche estuvimos bregando y no pescamos nada, pero, sobre tu palabra, echaré las redes". 6 Lo hicieron, y apresaron una gran cantidad de peces. Pero sus redes se rompían. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, de la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron, y se llenaron ambas barcas, a tal punto que se hundían. 8 Visto lo cual, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús, y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque yo soy un pecador!" 9 Es que el estupor se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la pesca que habían hecho juntos; 10 y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Pedro. Y Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora pescarás hombres". 11 Llevaron las barcas a tierra y, dejando todo, se fueron con Él.

PRIMERA MULTIPLICACION DE LOS PANES

30 Nuevamente reunidos con Jesús, le refirieron los apóstoles, todo cuanto habían hecho y enseñado. 31 Entonces les dijo: "Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, para que descanséis un poco". Porque muchos eran los que venían e iban, y ellos no tenían siquiera tiempo para comer. 32 Partieron, pues, en una barca, hacia un lugar desierto y apartado. 33 Pero (las gentes) los vieron cuando se iban, y muchos los conocieron; y, acudieron allí, a pie, de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. 34 Al desembarcar, vió una gran muchedumbre, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

MUERTE DEL BAUTISTA

14 El rey Herodes oyó hablar (de Jesús), porque su nombre se había hecho célebre y dijo: "Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso las virtudes obran en Él". 15 Otros decían: "Es Elías" otros: "Es un profeta, tal como uno de los (antiguos) profetas". 16 No obstante esos rumores, Herodes decía: "Aquel Juan, a quien hice decapitar, ha resucitado". 17 Herodes, en efecto, había mandado arrestar a Juan, y lo había encadenado en la cárcel, a causa de Herodías, la mujer de Filipo, su hermano, pues la había tomado por su mujer. 18 Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano". 19 Herodías le guardaba rencor, y quería hacerlo morir, y no podía. 20 Porque Herodes tenía respeto por Juan, sabiendo que era un varón justo y santo, y lo amparaba: al oírlo se quedaba muy perplejo y sin embargo lo escuchaba con gusto. 21 Llegó, empero, una ocasión favorable, cuando Herodes, en su cumpleaños, dió un festín a sus grandes, a los oficiales, y a los personajes de Galilea. 22 Entró (en esta ocasión) la hija de Herodías y se congració por sus danzas con Herodes y los convidados. Dijo, entonces, el rey a la muchacha. "Pídeme lo que quieras, yo te lo daré". 23 Y le juró: "Todo lo que me pidas, te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino". 24 Ella salió y preguntó a su madre: "¿Qué he de pedir?" Esta dijo: "La cabeza de Juan el Bautista". 25 Y entrando luego a prisa ante el rey, le hizo su petición: "Quiero que al instante me des sobre un plato la cabeza de Juan el Bautista". 26 Se afligió mucho el rey; pero en atención a su juramento y a los convidados, no quiso rechazarla. 27 Acto continuo envió, pues, el rey un verdugo, ordenándole traer la cabeza de Juan. 28 Éste fue, lo decapitó en la prisión, y trajo sobre un plato la cabeza que entregó a la muchacha, y la muchacha la dió a su madre. 29 Sus discípulos luego que lo supieron, vinieron a llevarse el cuerpo y lo pusieron en un sepulcro.

MISION DE LOS APOSTOLES

7 Entonces, llamando a los doce, comenzó a enviarlos, de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos, 8 y les ordenó que no llevasen nada para el camino, sino sólo un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto, 9 sino que fuesen calzados de sandalias, y no se pusieran dos túnicas. 10 Y les dijo: "Dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta el momento de salir del lugar. 11 Y si en algún lugar no quieren recibiros y no se os escucha, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies para testimonio a ellos". 12 Partieron, pues, y predicaron el arrepentimiento. 13 Expulsaban también a muchos demonios, y ungían con óleo a muchos enfermos y los sanaban.

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